De puertas para dentro

Amalia introdujo con cuidado la llave en la cerradura. Entró en su casa, cerrando la puerta tras de sí. Alguien se acercó a ella, podía escuchar sus pasos y distinguir su sombra bajo el débil resplandor de la luna que entraba por la ventana. La chica se quedó paralizada contra la pared, imaginando lo que ocurriría a continuación. Todo pasó muy rápido: primero vino la pregunta, luego los reproches y los gritos, y acabó con manotazos y empujones. Las lágrimas caían por sus mejillas como ríos bravos por las montañas, mientras chillaba suplicando que aquello parara. Notaba la sangre gotear desde su nariz y su cuerpo cada vez le pedía descanso con más fuerza. Un golpe seco en el ojo hizo que perdiera el equilibrio y chocara contra la pared, quedando inconsciente en el suelo.

Al despertar a la mañana siguiente, sobresaltada con el estridente sonido del despertador, ya no se encontraba en el suelo, sino arropada en su cama. Se levantó reprimiendo una mueca de dolor y se dirigió al espejo, donde había pegada una nota:

“Siento lo de anoche, pero comprende que el que ha tenido que cargar con tus responsabilidades en casa mientras tu estabas de fiesta he sido yo. Sabes que todo lo que hago es para que esto salga bien, y porque te quiero”.

Una vez más, Amalia se duchó para eliminar cualquier mancha de sangre en su piel y tapó con maquillaje los moratones y arañazos de su cara. El resto quedó oculto bajo su ropa. “Realmente, todo el mundo puede perder los nervios de vez en cuando, ¿no? Además, seguro que tiene razón con lo que ha dicho. Quien bien te quiere te hará llorar, dicen” pensaba.

Sonrió varias veces ante el espejo hasta asegurarse de que era creíble y, solo entonces, y sin borrar esa expresión de su cara, salió al exterior, donde un cálido sol iluminaba la bulliciosa ciudad. Pero antes, dejó una nota al que desde hacía unas semanas era su marido, donde se podía leer:

“Tienes razón. No ocurrirá más. Te quiero”.

Aunque no lo parezca, historias como esta se repiten una y otra vez sin ser notadas y en cada rincón del mundo. ¿Cuánto creéis que aguantaría Amalia, o cualquier persona, en esa situación? Hoy es el día internacional por la eliminación de la violencia a la mujer, pero todos los días se debería luchar para que llegue a ser una realidad lo antes posible.

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3 comentarios en “De puertas para dentro

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