La verdadera historia de los Reyes Magos

 

Christmas

¡Buenas tardes! Iba a escribiros ayer o anteayer, cuando los Reyes Magos estaban más presentes, pero ya sabéis, la familia, los viajes… Al final me fue imposible. Sin embargo tengo muchas ganas de contaros esta historia y bueno, mejor tarde que nunca, ¿no?

Todos, más tarde o más temprano, vivimos el día. Ese día en el que descubrimos que toda la ilusión y fe que teníamos se desvanece. Ese día en el que por desgracia tenemos que asimilar que no hay tres ancianos magos que se cuelan en nuestras casas para dejarnos regalos bajo el árbol.

Para mí llegó unos meses antes de hacer la primera comunión, en una clase de catequesis. Irónico, ¿verdad? Llegué a casa y pregunté a mi madre sobre el tema, completamente convencida de que se iba a reír y me iba a decir que no hiciera caso a los demás, que era una tontería. Sin embargo, mi madre se sentó en el sofá, me hizo sentarme a su lado, me agarró la mano y me contó la siguiente historia:

“Hace muchos, muchos años, tres Reyes Magos, montados sobre tres camellos y acompañados por sus fieles pajes, hicieron un largo viaje, siguiendo la dirección marcada por una estrella. Esta les llevó al portal de Belén, donde hacía poco había nacido el niño Jesús, y le hicieron los tres regalos que ya conoces. Desde entonces, se han dedicado durante años y años a repartir regalos a los niños de todo el mundo, para que fueran muuuuy felices. Sin embargo, los Reyes Magos no pueden modificar por completo el ciclo de la vida y, aunque trabajaron durante muchísimos años con toda la ilusión del mundo, llegó un momento en el que se sentían cansados y ancianos y decidieron hacer un último gran trabajo.

Se recorrieron el mundo una última vez hablando con todas y cada una de las familias, contándoles su problema. Les dijeron que es uno de los días más bonitos que hay, y que, como ellos ya son ancianos, les dejaba el poder de hacer felices a los demás con regalos o detalles. Eso debía pasar de generación en generación cuando los niños fueran lo suficientemente mayores como para entender que la magia no solo se hace con varitas, sino que hay miles de formas de hacer que un momento sea mágico. Hasta entonces, se guardaría el secreto, siendo el máximo objetivo que los niños nunca dejen de soñar.

Parece ser que tu ya no eres una niña pequeña. Has descubierto el gran secreto y por eso, eres la nueva heredera de los Reyes Magos. Tu función a partir de ahora será conseguir que la tradición continúe y dejar que los niños de la familia encuentren la verdad por sí solos y que disfruten con ilusión del camino hasta llegar a ella.”

Así, en lugar de ponerme triste, empecé a pensar qué podría hacer yo para hacer felices a los demás. Utilicé el dinero de mi cumpleaños, el aguinaldo… para comprar regalos a mi familia. Pero no solo a los niños.

Hasta entonces, para que los niños no hiciéramos preguntas, mis padres, mis tíos… se compraban ellos mismos sus regalos y los abrían con nosotros. Pero ese año, varios meses después de aquella charla con mi madre, cuando todos dormían y los regalos ya estaban bajo el árbol, añadí con cuidado los míos.

Al día siguiente, nos levantamos todos juntos, esperamos a que llegara la familia y cuando fuimos a abrir los regalos, los adultos se miraron entre sí, preguntándose en silencio quién era el responsable de unos paquetitos imprevistos con sus nombres. Mientras los niños abrían los regalos, ellos se encogían de hombros, sin salir de su asombro.

En mi maravilloso plan de niña de 10 años, yo actuaba normalmente ante esta situación, guardándose el misterio año tras año. Sin embargo, eso era imposible. Tarde o temprano lo iban a descubrir, y más aún cuando, debido lo graciosa que me parecía la situación, se me escapó una leve risilla que me delató.

Cuando los demás niños se fueron a jugar con sus nuevos juguetes, mi madre se me acercó y me preguntó:

– Has sido tu, ¿no? Solo hacía falta que les compraras un detallito a los peques… ¿por qué lo has hecho?

A lo que yo respondí:

– Mamá… ¿por qué los niños son los únicos que pueden tener sorpresas hoy?

Y desde entonces, la ilusión regresó a los corazones de los mayores y nunca se perdió en los niños. Todos nos compramos regalos de Reyes sorpresa unos a otros, los cuales dejamos bajo el árbol cuando los demás no miran. Al fin y al cabo, si los Reyes nos dejaron como herederos de su poder, no deberíamos desperdiciar ni un poquito, ¿no?

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7 comentarios en “La verdadera historia de los Reyes Magos

  1. Que bonita forma de enterarte. Gracias por contarla, así podremos compartirla con nuestros peques llegado el momento. Lo mío fue más traumático. Quería un ordenador para la comunión y mis padres me dijeron que no porque no tenían suficiente dinero. La dije que se lo pediría a los reyes y me dijeron que los reyes eran ellos. Menudo berrinche… Besitos

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