Grabado a fuego

Fachada-Vicente-Ferrer
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¡Buenas noches! Hoy quería contaros acerca de una de las mañanas mas bonitas que he vivido desde hace mucho tiempo. 

El jueves pasado salí de excursión al Colegio de Educación Especial Vicente Ferrer, de San Sebastián de los Reyes, con Psicología, para que nos explicaran el método de enseñanza, cómo se encuentran los alumnos, qué tipo de enseñanza y cuidados deben tener…

Una vez allí, el director (un hombre encantador, de estas personas que transmiten tranquilidad) nos explicó de forma general cómo se funcionaba allí. Lo primero que me llamó la atención es que hablaba de todas y cada una de las personas que formaban parte de aquello desde un profundo cariño y respeto, ya fueran profesionales o alumnos.

Tras esa breve charla, nos invitó a conocer el centro y a los alumnos. Y ahí es cuando aluciné en colores. Las instalaciones son espectaculares, tienen clases de todo tipo, repartidas a la vez por edades y por niveles. Obviamente, cada una de ellas con las facilidades que necesite cada alumno que allí se encuentre. Además de esas, había una sala de música con instrumentos de todo tipo, y un montón de manualidades que habían hecho ellos (incluyendo unas cortinas preciosas, que no me importaría tener en mi futura casa), gimnasio, sala de psicomotricidad, taller de madera, sala de fisioterapia (donde ayudan a los chavales con dificultades motoras), de estimulación (con cama de agua, lámparas relajantes…), enfermería, etc. Tienen incluso un huerto, en el que trabajan varios días a la semana.

Nos explicaron que la enseñanza la centran en cosas prácticas: Prefieren que aprendan a comportarse, a ir a comprar a un lugar y controlar los precios y el dinero, a coger el metro… antes que centrarse en matemáticas complicadas o historia, que no les van a servir para nada en esos momentos. Además, todo lo basan en niveles de abstracción, porque eso es lo que mas les cuesta. Ya que la mayoría no saben ni leer ni escribir, les enseñan a base de fotografías. El siguiente grado de abstracción es el “picto” (una especie de dibujo más o menos detallado), que tienen que asociar con su significado, y por último esquemas. Los que aprenden a leer también lo hacen de forma especial: no unen los sonidos de las letras, sino que leen palabras enteras que ya conocen, como si fuera un picto más, un conjunto de símbolos que significan algo.

Y los chavales son mejores aún. Nos avisaron que ellos se centraban ante todo en enseñarles habilidades sociales para que pudieran integrarse más fácilmente en la sociedad, pero que podíamos encontrar a algunos alumnos muy antisociales, y otros que se nos acercaran demasiado (sobre todo los chicos a las chicas), y nos pidieron que no tuviéramos reparos en alejarles si fuera necesario.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los más mayores se alegraron muchísimo de vernos, algunos hasta se ponían nerviosos. Nos contaban que hacían, sus horarios, clases, básicamente nos hicieron ellos la ruta jajaja. Los más pequeños derrochaban amor y cariño hacia todo el mundo, y hasta aquellos niños que no se podían mover, te sonreían abiertamente con la mirada. Ellos no tienen pudor a la hora de demostrar sus sentimientos: si tienen ganas de darte un abrazo, lo hacen, y si les pareces guapo también te lo van a decir. Son todo bondad, y eso les hace incluso más grandes que el resto de la gente. Y en ningún momento tuvimos problemas con ellos, como nos habían dicho que podía ocurrir. Es más, nos llevamos tan bien que hasta nos han invitado al musical que están preparando.

De nuevo con el director al final de la visita, le preguntamos acerca de las excursiones que realizaban. Con una sonrisa, nos dijo que no había nada más difícil que eso. Cada niño necesita una serie de facilidades y recursos que tienen que tener en cuenta a la hora de salir del centro. Pero que aún así salen muchísimo de excursión, y que mínimo una vez al año, todo el centro (alumnos, profesores, médicos, cocineros, el director…) se van a pasar un día al campo todos juntos. Admite que es una locura, pero que intentan hacer tantas locuras como son capaces.

Imaginaos cómo estaba yo a esas alturas. Me encanta ver cómo, a pesar de lo dura y cerrada que es la sociedad a la hora de integrar a estas personas (porque queramos o no, se les margina tanto laboralmente, como al entrar en discotecas, conciertos… es una realidad), hay gente que se dedica a ayudarles y a hacerles sentir queridos y sobre todo, normales. Porque si algo he aprendido con ellos es que son iguales que nosotros, y muchas veces, mucho más empáticos y sensibles. A la hora de conocerlos, las dificultades de aprendizaje que puedan tener no se notan, y solo ves a esa persona, con un corazón que no le cabe en el pecho.

Me estoy planteando seriamente hacer algún tipo de voluntariado cuando tenga tiempo libre, porque de verdad, que con ellos nos podemos enriquecer muchísimo más de lo que pensamos. ¿Qué pensáis?

¡Besitos fuertes!

 

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2 comentarios en “Grabado a fuego

  1. Ojalá ese modo de vida se trasladara a todos los ámbitos de la sociedad. Ayuda, respeto, integración… Pero lo veo tan tristemente lejano… Si sientes que tienes que hacerlo, adelante. Quien lo prueba no ser arrepiente. Besitos

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