Injusticias

 

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A diferencia de lo que acostumbra ser, la Semana Santa de este año se ha colmado de injusticias que me han tocado el alma y que me hacen sentir decepcionada con la sociedad en la que vivimos.

Yo no suelo usar el metro. Me muevo más andando o en cercanías, pero nunca en metro. Sin embargo, injusticias de la vida han hecho que una persona muy cercana a mí haya pasado estas fiestas en el hospital y, como no puede ser de otra manera, he ido a visitarlo todo lo que he podido. Y he tenido que coger el metro para llegar lo más rápido posible. Siempre he sabido que, al igual que por las calles hay muchísimos artistas callejeros, en este pequeño mundo subterráneo también los hay, pero no me imaginaba hasta qué punto.

Nada más entrar a la estación, ya me recibía una suave melodía de violín, tocada por un hombre de ya avanzada edad. Tenía abierto el estuche del instrumento, pero dentro solo había unos pocos céntimos.

Ese hombre tenía mucho talento, pero estaba un Jueves Santo en una estación de metro, esperando silenciosamente a que un generoso pasajero le diera alguna moneda. Me dolió ver que, aunque disfrutaba tocando, cuando acababa una canción y miraba a su alrededor, evitaba mirar a la gente para que no pareciera que estaba pidiendo. Tan solo agachaba la cabeza y comenzaba otra canción. Pero me dolió más aún no poder acercarme a él y ofrecerle una oportunidad mejor, porque se notaba que ese hombre nunca había sido un indigente.

Continué mi viaje, sin muchas más sorpresas, hasta que llegué a mi estación de destino. Allí, teniendo en cuenta que ya estaba sensible después de ver al señor, no acabé llorando de puro milagro. Un chaval de más o menos mi edad, 18-20 años, estaba sentado en el suelo, cantando solo acompañado de una guitarra. Sus dedos bailaban elegantemente sobre las cuerdas del instrumento, y su voz era de las más bonitas que he oído nunca. A su alrededor se había congregado un grupo de muchachas, que lo observaban con los ojos centelleantes, saludando tímidas cuando el chico las miraba. Este paraba de tocar, les dirigía la mejor de sus sonrisas y les dedicaba la siguiente canción. Al rato, se iban y llegaban otras distintas, pero la gorra del artista seguía completamente vacía. Me acerqué y le dejé lo poco que podía permitirme, y con los ojos brillantes y otra sonrisa sincera me murmuró “gracias”, y eso que apenas le dejé un par de euros.

Ese chaval podría ser perfectamente un ídolo adolescente, tener una carrera profesional garantizada para toda su vida, y unas vacaciones decentes en Semana Santa, pero estaba completamente solo pidiendo en el metro.

A todo esto podemos añadir los ya conocidos por todos atentados de Bruselas, que nos acaban recordando el de hace unos meses en París, y las continuas guerras que sufren en estos momentos países como Siria.

Me cuesta mucho pensar cómo personas humanas son capaces de semejantes brutalidades contra la vida de los demás y contra la suya propia. Si ya es horrible que alguien atente contra sí mismo, lo es aún más que decenas, cientos de personas mueran a causa de problemas que no son los suyos; personas que estaban tranquilamente haciendo recados o paseando, y una bomba acabó con sus vidas.

Y por si todo esto no fuera ya suficiente, ahora los gobiernos quieren cerrarles las fronteras a los refugiados. En otras palabras bastante más explícitas, quieren que regresen a las bombas, a los atentados, a los asesinatos… quieren que vuelvan a un lugar donde las catástrofes son infinitamente más frecuentes que aquí. Quieren enviarlos a aquello que intentan evitar en nuestro país. Cuánta empatía y humanidad, ¿eh? En fin… tras este desastre de semana, espero que la siguiente prometa un poco más.

¡Besitos a todos! 🙂

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11 comentarios en “Injusticias

  1. Es una pena que haya gente en el mundo sin un techo o sin algo de comer..gente que tenga que pedir por la calle….es cruel y lo más cruel es que a veces sólo nos damos cuenta en fechas como estas, es como si un día normal no estuviesen sufriendo tanto.
    En cuanto a los Sirios no se que decir para que no suene macabro pero creo que tanto España como otros países se tendrían de preocupar primero de las miles de personas de su misma nacionalidad que están en la calle. Hay muchos españoles que han trabajado toda su vida y por circumstancias de la vida se quedaron en la calle…a esos no les ayuda nadie, va primero un sirio a un español. Se que suena mal…pero es así.

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    1. Tienes razón, la verdad. Si ya es triste que alguien este viviendo en la calle, lo es aún más si esa persona tiene formación y estudios, y podría estar viviendo una buena vida.
      Respecto a lo de Siria, es verdad que hay muchísimas personas en España que necesitan ayuda y viven en condiciones pésimas, y obviamente se las debería ayudar de inmediato. Pero piensa por un momento: si fuera España la que esta en guerra, y tu vida y la de tu familia corriera peligro… ¿No te gustaría que al menos os dejaran cruzar la frontera con Francia para intentar rehacer vuestra vida?
      Entiendo lo que dices, pero lo otro también. Es muy difícil hacer lo correcto al 100%, pero en el post me refería a lo injusto que es que ellos paguen lo que unas pocas personas han provocado.

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      1. Ya….yo tuve que irme de España sin haber una guerra…claro que es difícil y no digo que no se les ayude pero una cosa es ayudar y otra es darles 800 euros al mes y un piso sin trabajar ni nada….Además no se quieren acostumbrar a las costumbres del país. Claro que no son todos…pero la mayoría. …

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      2. Eso es otra cosa, y también me es injusto. Me parece justo que se les deje entrar y la oportunidad de rehacer su vida, pero hasta un límite, además de que lo lógico es que si vienen a un país extranjero, al menos de cara a la sociedad tienen que adaptarse al país.

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  2. Son temas bastante complicados porque son muy políticos y cada uno piensa de una forma. Yo también pienso que cuidar antes al de fuera que al de casa no me parece muy ético, hay muchos países a los que se puede ir de refugiado (África y Asia son enormes). ¿Por qué a Europa? ¿Por qué a España? Los gobiernos lo hacen mal de base, en tanto en cuanto hay recursos y comida suficiente para todo el planeta, y mucha gente muere de hambre al tiempo que se tiran toneladas de comida. Este mundo es una pena, por no decir otra palabra más maloliente. Besitos

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    1. No puedo estar más de acuerdo. Yo me he dejado llevar por mi empatía y por lo que sentí en el momento de oír la noticia, pero es demasiado complejo y puntos de vista hay millones.
      Y es cierto que se debería hacer una reforma desde la base en cuanto al uso de recursos, pero supone un cambio muy grande de mentalidad que seguramente muchas personas no asuman o no quieran asumir. Es una pena…
      Besitos!

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