Slowmotion, ¿os atrevéis?

¡Bueenas a todos! Hoy os traigo un ejercicio que me ha parecido bastante interesante y entretenido, y que descubrí en el blog de Marta Conejo. Os recomiendo que os unáis al “reto” y, por supuesto, que visitéis su blog, sobre todo aquellos que estéis interesados en literatura (o sea todos). Es una escritora que en su página se dedica a hacer reseñas, dar consejos para escritores noveles, promocionar sus libros, y muchas cosas más. Merece la pena.

Por el título os podéis imaginar de qué trata el ejercicio. “A cámara lenta”. Consiste precisamente en hacer un texto bastante extenso (de 1 o 2 folios) sobre una acción que dure alrededor de 10 segundos. A mí me parece bastante exagerado, y algo pesado, así que lo haré de bastante menos extensión, pero vosotros hacedlo como prefiráis.

Pero jé, no os penséis que todo iba a ser tan fácil, ya veo por donde se van vuestras mentes (os conozco). El texto no se puede basar en pensamientos encadenados del protagonista que resulten pedantes, ni estar repleto de descripciones sobre el entorno. Hay que buscarse la vida para que sea una narración fluida y dinámica, que no parezca que se refiere a una acción tan corta.

Me parece un ejercicio complicado, pero idóneo para mejorar las habilidades en la escritura y para reflexionar acerca de la cantidad de cosas que pueden acontecer en 10 segundos: mientras abrimos una puerta, paramos un gol en un partido de fútbol, o reaccionamos al estridente sonido del despertador. Hay mil opciones disponibles, todo depende de vosotros, y vuestra ilimitada imaginación. Aquí os dejo el mío (el primero que hago, por cierto):

Y ahí estabas tú, muy cerca, más cerca de lo que nunca habías estado, con tu sonrisa permanente de publicidad de dentista, mirándome a los ojos, mientras descansábamos en el césped de aquel solitario rincón de Central Park. Con esos ojos… esos que son como un libro abierto, que me enternecen con tan solo posarse sobre mí o que pueden hacerme enrojecer en algunos momentos. Expresivos e intimidantes como ninguno. Únicos. También me quedé embelesada en aquella ocasión, observándote sin poder apartar la mirada. No me di cuenta de que poco a poco empezabas a acercarte: yo seguía navegando en tus ojos hacia tus pupilas, ahora dilatadas. Pronto los cerraste, e instantes después tus suaves labios se unieron con los míos de forma dulce pero firme. Tenías las cosas claras. Sorprendida, tardé unas décimas de segundo eternas en reaccionar, aquellas que tardó mi corazón en volver a latir (¡y de qué manera lo hizo!), y tras ello cerré mis ojos y correspondí al beso. Fue entonces cuando los dos reprimimos una sonrisa al mismo tiempo, como si nos hubiéramos conectado mentalmente, y me agarraste de la cintura. Un escalofrío recorrió mi espalda, y desde el momento en que te sentí así, más cerca de mí que nunca en todos los sentidos, supe que ese sería el beso que cambiaría mi vida. Así fue. 

Después de escribirlo he de reconocer que me ha resultado más complicado aún de lo que esperaba. Quizá sea algo corto, habré incumplido mil normas, pero… ¿os ha gustado? Me encantaría leer vuestros ejemplos algún día de estos 🙂

Por si no lo recordáis, o no llegasteis a leerlo, os dejo un post que escribí hace unos meses, y que también tiene que ver con los breves periodos de tiempo en los que pueden ocurrir grandes cosas. Lo podéis encontrar por aquí: Dame un minuto más.

¡Gracias a todos una vez más y feliz fin de semana!

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9 comentarios en “Slowmotion, ¿os atrevéis?

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